sábado, 27 de abril de 2013

Por los Perritos

Llegué tarde, el sueño me había ganado otra vez. A pesar de pasar por alto este detalle, me aceptaron en su casa.

Conmigo ahí la reunión siguió su curso, me pusieron al tanto y continuamos hablando sobre el tema (en realidad se me dio más por escuchar que por opinar). 

Buscamos opciones, alternativas, surgieron ideas a corto y largo plazo. No podíamos quedarnos de brazos cruzados esperando que estas "personas" acaben con la vida de todos los perros que tienen por hogar la calle.

Nos enteramos unos días antes de esta reunión del plan que se tiene para acabar con lo que para ellos es un problema: el exterminio. 

Quizás regresamos en el tiempo, entre 1939 y 1945. Quizás ahora los judíos tienen 4 patas y una larga cola. Quizás son una raza "inferior", y por ese motivo deben desaparecer, porque se supone que somos una raza superior, ¿no?

¿Cómo puede ser posible que en pleno 2013 (trillado, pero cierto) se den matanzas como estas? ¿Con qué objeto? ¿Por qué toman una crueldad como solución? 

En la reunión con una de las familias mas humanas que he conocido nos decidimos a luchar por evitar esta maldad, a presentar opciones que ayuden a estas criaturas, a demostrar que en Huehuetenango no toda la gente es mala o carente de cultura e ideas racionales, que habemos personas con el cerebro funcional y buenas intenciones.

Don Joaquín y su esposa (se me olvidó su nombre, lo siento, no volverá a pasar) recogen, cuidan, alimentan y aman a los perros, sean estos callejeros o no, sin distinciones. Mencionaron que en los últimos años han cuidado y dado en adopción más de 100 perros. Esto muy pocos en el mundo lo hacen.

Lucharemos según sean nuestras posibilidades por los objetivos, por estos perros que se lo merecen más que muchas "personas".

sábado, 20 de abril de 2013

viernes, 19 de abril de 2013

Las Latas

El mundo es muy pequeño.

Prueba de esto, entre muchas otras cosas que ya no recuerdo, es algo que mi mente guardó, pero que hasta ayer resurgió como un recuerdo.

Hace unas cuentas semanas encontré un detalle muy curioso en la tienda de mi madre. Pero no era cualquier flor, si tenía sus hojas, un tallo, pétalos; pero lo llamativo de esta es que estaba hecha con una lata, de cerveza para ser precisos. 

Me gustó y me pareció muy creativa. Mi madre me dijo que le costó Q5. Precio bastante barato para esa pequeña obra de arte.

Pero me desvío de lo que quiero contar. Tiempo atrás, ayudando a mi novia con un trabajo en un internet de una plaza, vi a un señor, ni tan joven ni tan mayor. Barba, pelo no muy cuidado, ropa que me daba a entender que tenía un origen muy humilde. Estaba fuera del internet, sentado, como esperando algo. Veía a las personas que pasaban frente a el, pero estas personas parecían no verlo a él, quizás sólo lo ignoraban, como se ha vuelto ya costumbre entre la gente.

Luego de un rato en el que no pude dejar de verlo, salió de otro local una señora, que se veía den aspecto más o menos igual que el. Llevaba unas bolsas con latas vacías. El señor se puso con latas vacías. El señor se puso de pie al verla y salieron de la plaza. A la fecha, el rostro del señor esta grabado en mi cabeza, una cara que mostraba necesidad, un poco de angustia, y hambre.

Ayer, volví a verlos. Creo que han mejorado, mostraban un semblante sonriente, más tranquilo. La señora ofrecía a las personas que encontraba en la calle, unas flores grises de aluminio, como la que mi mamá le compró hace meses. El señor cargaba una bolsa blanca llena de latas vacías, en la mano derecha unas tijeras, y en la izquierda, una lata. La cortaba y moldeaba, como ya lo había hecho con varias que ofrecía la sonriente señora.

El arte es una expresión artística, y hacer flores con latas es un arte único, creativo, así como es una forma de salir adelante para estas personas que tanto lo necesitan.

Por mi parte, le regalaré a mi novia una de estas peculiares flores, porque hay que dejar en la tierra las rosas, y no arrancarlas para que se marchiten.



sábado, 13 de abril de 2013

Los Abuelos

En una bicicleta que ya no tengo, sin pensar en lo que podía pasar con mi abuela, salí, solo, hacia la casa de mi tía Jesús, Chus de cariño, un 14 de octubre de 2001. Era aún la mañana de un domingo, y había hablado con mi mamá, para que le llevara la noticia a mi tía, sobre el delicado estado de su mamá.

Y sin pensarlo empecé a pedalear, no me importaba lo lejos que quedaba su casa, en ese entonces, de la mía. Había dejado atrás los rostros de preocupación de mis tíos y primos que esperaban y le pedían a Dios porque mi abuelita se recuperara y pudiera salir de la enfermedad que la tenía en el hospital. 

Llegué después de un rato, estaba nublado y yo estaba cansado por las subidas del camino. Apareció mi primo Luis, mi carnal y mi hermano de siempre, al que llevaba mucho tiempo de no ver porque no vivía aquí. Mi tío me vio y yo le conté lo que pasaba, la preocupación que ya tenía se acrecentó al saber que mi abuela estaba ya muy mal.

Me dispuse a regresar y Luis me hizo compañía, y cada quien en su bicicleta recorrimos las calles, hicimos el camino mas largo, eramos niños y habíamos olvidado por ese rato la situación en casa, reíamos, nos caímos, pero disfrutamos el viaje.

Las sonrisas se borraron cuando nos acercábamos a mi casa y vimos que mis tíos colocaban una moña negra de nylon en la puerta, nuestra abuela se había ido.

No pensé en nada, nadie me dijo nada cuando entré, llegué al cuarto de mis papás y me acosté en su cama. No sabía que sentir, qué hacer o qué decir. Estaba ahí, solo. Entró mi papá, y me gritó : "¡QUE ONDA FLACO!", y fue en ese preciso cuando mi mente entendió lo que sucedía, me desmoroné. 

Lloré desconsoladamente junto a mi papá, era la primera vez que lo veía llorar. Me pidió que no dejara a mi mamá, que teníamos que estar con ella porque nos necesitaba. Y así lo hice.

Salimos con mis primos, todos juntos íbamos a hacer los mandados: comprar cosas, cargar cosas... y en un momento que entré a mi casa escuché a mi mamá. Planchaba un vestido negro, y lloraba. La abracé y lloramos juntos, la más viejita de la casa se nos había ido. Nunca voy a olvidar lo que durante ese abrazó me dijo: "Ella vivirá siempre en nuestros corazones".

 Hasta hace poco entendimos todo lo que ella significaba para toda la familia, era el sostén, la única persona que mantenía unidos a todos, y a quien le debo la vida de mi santa madre.

Con ella fue muy doloroso para todos, tenía 71 años, y tantos años después la extrañamos como el primer día.

Han pasado ya once años y medio, y no hace mucho que mi abuelo también se fue. Vivió muchos mas años que mi abuela, parecía una persona más sana a pesar de los vicios que a fin de cuentas fue lo que terminaron con el.

Don "Minche Gas" como era conocido en este modesto pueblo donde vivo, se le concedió el deseo que tuvo hace muchos años, el de estar solo siempre, y que nadie lo molestara. Hizo méritos para conseguir esto, demasiados y que aun están presentes en el sentir de mi mamá y sus hermanos. Incontables son las historias que me ha contado mi mamá respecto a todo el dolor que les causó, en especial a mi abuela, que a pesar de haber tenido tantos hijos, nunca la vio como una mujer, sino como un objeto que podía controlar a su gusto y gana, y como alguien a quien podía golpear cuando se le diera la gana.

Tomaba, maldecía, lanzaba dardos venenosos en forma de palabras, y golpes certeros que no dolían tanto como lo que les decía entre su delirio por el alcohol. Son golpes que son difíciles de superar, tal vez casi tan duros como al que el le tocó, perder a su madre de muy niño.

Aun no se si su padre fue igual de estricto (o cruel) con el, así como lo fue con mi mamá y mis tíos. El tendría sus motivos para ser así. O tal vez solo Dios sabe por qué, incluso estando ya postrado en cama, en sus últimos días, no dejaba de maltratar, de hacer sentir mal a quienes lo cuidaban, de hacer llorar a mi madre.

Sufrió, y aunque no lo disfrutaba, eso era lo que el quería, convivir con su dolor a cuestas hasta el último día. No tenía remordimiento por tantos años de dura vida que le dio a todos, nunca escuché que de su boca saliera una palabra cariñosa hacia nadie. No se como logró vivir tanto tiempo así, sin sentirse mal nunca.

El 20 de noviembre se adelantó, y a pesar de todo, de tantas cosas que hizo, que dijo y que no dejó que se hicieran porque era su voluntad, en su sepelio, lloré, al igual que mis tías. Mi mamá a pesar de que encontró sentimientos por el en ese momento que no había conocido antes, se contuvo, o simplemente no le nació hacerlo. No es algo para juzgarla, hay que entenderla, no estamos en sus zapatos y no comprendemos por lo que ella pasó. 

Cuando mi abuela se fue, hubieron problemas en la familia, herencias, discordias, envidias; cuando se fue mi abuelo, pasó exactamente lo mismo. Vivo entre una familia disfuncional, inconforme con todo, problemática... la partida de mis abuelos marcó que todos estos problemas aparecieran. Sería excelente que mi abuela aun viviera.

Quizás, soy muy duro al juzgar de esa manera a mi abuelo, quizás yo pude haber hecho algo, el "hubiera" crea en mi un sentimiento muy fuerte de culpa, por haberle guardado rencor, por mantenerlo incluso ahora que ya no está, por no visitar su tumba ni llevarle flores.

martes, 9 de abril de 2013

La Lluvia

Cuando iba camino a la universidad, me topé con uno de los escenarios improvisados más espectaculares y simples en los que he estado. Como todos los días (que voy), estaba en mi lugar habitual en el bus, viendo por la ventana el mismo camino de siempre; negocios, casas, carros, camionetas, pasarelas, gente. Pero lo que hacía diferente este viaje de los demás es que esta gente, parecía estar disfrutando de la fuertísima lluvia que se hizo presente desde las 4 pm.

Veía a muchos en las puertas de sus negocios o casas, viendo pasar los carros, inhalando el humo negro que está a la orden del día, o tal vez viendo como el agua seguía su curso, cayendo y andando libre por las calles, más libre que cualquiera, sin detenerse por ningún motivo, sin preocuparse a dónde irá, sin saber qué será lo que encontrará en su camino, solo fluyendo.

Por la empañada ventana noté que afuera de un taller estaban cuatro personas, hombres, que al parecer no encontraron refugio de la furia de la naturaleza hecha lluvia, sus pantalones no solo notaban agua, sino que también lodo, al igual que sus zapatos. Aún así, con frío, empapados, enlodados, sonreían. Así de paradójico, hablaban y molestaban entre ellos, los cuatro con una sonrisa dibujada en el rostro. Quiero imaginar que se divirtieron recibiendo las gotas en sus ropas, que a pesar de que corrieron desde algún lugar buscando dónde pararse para mantenerse secos, no lo lograron y el agua los atrapó. 

El bus seguía su camino, lentamente por el tráfico que la lluvia causa siempre. En esta ocasión, fue torrencial. Un poco después del escenario de los cuatro chavos alegres, había un árbol caído, sus hojas estaban regadas por el asfalto y su vida parecía que había terminado, el tronco ya no estaba sujeto de su raíz.

Aun sin reaccionar de la caída del árbol, mientras el bus seguía su camino, una valla publicitaria también fue víctima del fuerte viento y la furia de esa lluvia que tardó muchos días en aparecer, para alborotar el insoportable calor que nos estuvo haciendo sudar a toda hora, desde muy temprano.

Después de esto, el tránsito fue mas rápido y ante el retraso, el bus avanzó con más velocidad por las mojadas calles de la ciudad. Seguía viendo a las personas refugiadas, creando conversaciones de minutos que podrían durar horas si sus vidas así lo permitieran. Me limitaba a observar mientras mis compañeros no se daban cuenta de lo que había fuera.

Más vallas publicitarias dañadas o caídas, canales tapados y calles inundadas, personas con un nailon para protegerse de la incesante caída del cielo, y un espectáculo para mis ojos, los únicos que lo ven así.

Llegábamos a la universidad, y por las partes donde más rápido va el bus, entre plantaciones de milpa y casas de adobe vi lo más hermoso que pude ver el día de ayer, una gran capa de granizo había cubierto casi por completo el monte y la tierra, sonreí como tonto ante esto.

Parecía nieve y quería creer que eso era, como para sentirme un niño emocionado y empezar hacer un ángel con brazos y piernas, un muñeco de tres bolas de nieve, una bufanda, un sombrero y su nariz de zanahoria. Era increíble. Colinas, terrenos, casas, en perfecto tono blanco. Ante tal belleza mis compañeros si reaccionaron, yo solo pude ver del lado de mi ventana, parece que del otro lado también se veía ese singular fenómeno.

Pasamos, y hasta el momento tengo la imagen blanca en mi cabeza.

Todo esto se complementó gracias a mi celular y mis audífonos, en el momento antes de ver a los cuatros chavos sonrientes, exactamente ahí, empezaba a sonar esta magnífica canción, que me acompañó justamente, hasta donde el suelo se convirtió en una sábana blanca, sin haberla buscado, solo empezó a sonar, y en el momento perfecto, para completar una escena inusual, llena de momentos especiales, al menos para mi.



Una muestra de lo que vi, aunque no se nota del todo bien, ahí está la alfombra blanca.

(Foto de Anita Saucedo).

lunes, 8 de abril de 2013

¡Ve a por tus Sueños!

He dejado de quejarme, o por lo menos lo he intentado.

Hasta hace poco las excusas formaban buena parte de mi vocabulario, tratando de esconder el miedo, o lo que sea que hacía que estuvieran siempre presentes.

No las puedo quitar de un día para otro, pero voy aprendiendo a no negarme a las cosas, a tomar riesgos, hacer las cosas sin pensar en consecuencias.

Busco la manera de seguir mi vida como debe de ser, como está escrito en alguna parte, como ciertamente ya muchos viven, sin MIEDO.

Dejé de engañarme, saqué de mi cabeza esa idea que siempre me detenía: "vos no tenes la culpa de lo que pasa o no pasa, la tienen ellos".

Me aferro vorazmente a la vida, a la vida libre, a la vida y a lo divino que se que me tienen algo preparado, algo que yo tengo que buscar y no esperar sentado a que aparezca frente a mis ojos.

"Move el culo" leí, y tengo que hacerlo, salir adelante no se logra esperando, se logra haciendo las cosas, se logra aumentando ese nulo esfuerzo que le pongo a las situaciones que se me presentan.

El mejor remedio para mi, es olvidarme de la vagancia, y cambiar.

Ve a por tus sueños, iré por ellos, y no descansaré, ya habrá tiempo de sobra para descansar cuando muera.