Se nos fue, la recordamos a diario, más este día en el que pudimos reunirnos todos nuevamente, quienes estuvimos, quienes quisimos estar y quienes debimos estar.
Entré a la que todos los años que conviví con usted fue su habitación.
Se sentía como si estuviera ahí, pero no estaba. Su cama, de la que ya no pudo levantarse y en la que pasó sus últimos momentos, delgada, dormida, agotada de tanto.
Estuve parado unos minutos frente a su cama, en la que yacía una Biblia abierta y me sentí tan mal.
La extraño mucho Buely, acercarme ahí y no poder darle un beso y que usted me de uno y un abrazo, que me diga que me cuide y Dios me bendiga...

