lunes, 18 de febrero de 2013

"Aquel 14 de Septiembre".

El amor pega fuerte, tan fuerte que no te deja olvidar. En un pasado lejano, me hizo aprender lecciones valiosas, detalles que no pasan desapercibidos. Aprendí.

No tropecé con la misma piedra con la que ya había caído varias veces, traté de no tener la misma ilusión que había tenido en otras ocasiones, ilusiones que terminaron destruidas una tras otra, sin piedad.

Se aprende sufriendo, te queda la idea de lo que se tiene, y no se tiene que hacer. Las caídas, después de mucho tiempo, se aprecian, porque te enseñan.

Luego de muchos fallos, al fin apareció por un horizonte complicado, lo que de verdad esperaba, lo que de verdad quería.

El amor se asomó a la ventana de mis sentimientos putrefactos y rotos, creí por un momento que sería una ilusión más, de esas que acumulaba entre el polvo y las telarañas de mi ser.

Unos años después puedo darme cuenta que no fue así, que la vida me dio una gran oportunidad y en esta ocasión, la aproveché bien. Que un ser casi perfecto, entraba sin permiso en mi mente, y hoy por hoy, no ha salido, ni quiero que lo haga.

Un giro de trescientos sesenta grados, una vida nueva, que sigue siendo algo extraordinario a cuatros años después de habernos conocido,  desde aquel 14 de septiembre que compartimos la lluvia, y desde entonces, nuestras vidas.


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