Es tan fácil darse cuenta de todo lo malo que sucede a nuestro alrededor, es demasiado evidente. A pesar de eso, muy pocas veces lo vivimos en carne propia, es como si todas esas situaciones se esparcieran por todas las personas, a veces a unas más que otras. Actuamos tan indiferentes antes tales sucesos que ya estamos acostumbrados, nos importa poco lo malo que puede recaer sobre la gente.
Relativamente cerca de donde vivo está un municipio que ha sido catalogado como el más azotado por la desnutrición y pobreza a nivel MUNDIAL, San Juan Atitán, una estadística muy poco alentadora, puede ser para muchos algo "difícil de creer", pero estoy seguro que si le pregunto a los guatemaltecos su parecer ante esto dirían algo trillado: "que mal que el gobierno no haga algo" (y yo me pregunto, ¿por qué carajos tenemos que esperar a que esta mediocridad de gobierno que tenemos haga algo? ), "pobrecitos", "no se puede seguir así", etc, etc, etc.
Para nosotros no es algo increíble, lo vemos a diario en las calles del casco urbano, por eso un dato tan macabro como el que menciono no viene a exaltar a muchos, parecemos robots descorazonados y sin conciencia, no sentimos el sufrimiento de quienes no tienen un centavo para sostener una familia, de quienes se alimentan con agua y unos cuantos granos de frijol en todo el día... pero como no somos nosotros, que podemos hasta despreciar una comida que no nos gusta, podemos salir de casa y encontrar infinidad de lugares de comida rápida, que engordan nuestro poco o nulo sentido de humanidad y caridad con el más necesitado y nuestras venas.
Es una situación triste, escribo esto porque mientras esperaba el bus de la universidad con mi novia, se nos acercó un señor de muy avanzada edad, y nos pidió monedas, lo que pudiéramos darle... no lo hicimos. Después de eso, mi novia me dijo que le hubiera dado algo, volteé a ver al señor que cargaba unas cosas en una bolsa improvisada (una especie de reboso amarrado y que sostenía en la espalda), que se acercaba a pedirles ayuda a otras señoritas que también esperaban el bus, pero, literalmente, le dieron la espalda, mientras seguían riendo y hablando entre ellas.
Esta escena me puso triste, me sentí la peor persona por no ayudar al prójimo, ¿dónde quedaron los valores morales que nos enseñaron nuestros padres y en la escuela? ¿No acaso nos dijeron que tenemos que ayudar al más necesitado? Somos una sociedad egoísta, egocentrista, absurda; vivimos ante la idea de que si nosotros tenemos y estamos bien, no importa si nuestro propio hermano no tiene ni siquiera algo para llevarse a la boca, y no quiero sonar cristiano, no lo soy, pero que yo sepa en la Biblia dice que debemos amar al prójimo, y eso implica ayudarlo cuando más necesitado esté, no solo a quien nos cae bien, no solo con nuestras familias y amigos, con quienes se pueda, hasta los animales en sus manadas se ayudan y organizan mejor que nosotros, los que, en teoría, somos los "seres pensantes".
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